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Algunas personas creen que lo más importante para conseguir sus objetivos, es tener suerte o tener contactos… Lo más importante para conseguir lo que te propones es creer en ti.

Eso es lo que marcará la diferencia. ¡En todo! Todo lo que quieras conseguir en tu vida dependerá de la confianza que tengas en ti, desde un trabajo, una pareja o cualquier sueño u objetivo que tengas.

Pero creer en ti no solo es necesario para que te lances a por tus sueños, también lo es para que no abandones a mitad de camino. Para que no te pase eso tan habitual de “empiezo muy motivado y muchas ganas y al poco me desanimo”.

Y no… que creas en ti no depende de tu historia de vida o de las cosas que te hayan pasado. Depende de que lo elijas. Aquí y ahora, elijo creer en mí o elijo no creer en mí.

Elijo creérmelo o no creérmelo. Porque sí, al contrario de lo que nos contaban de pequeños, te lo tienes que creer. Y mucho.Sentir que eres bueno y eres muy válido para eso que has elegido apostar. 

Sin excusas, sin victimismos, sin quejas, sin poner las prioridades de los demás por delante de las tuyas, sin vivir pendiente de agradar a los que te rodean, sin pretender ser como crees que los demas quieren que seas…

No te voy a decir que creer en ti es fácil ni que lo vas a conseguir en dos días, pero estoy segura de que puedes lograrlo si te pones a ello y sabes cómo hacerlo. Porque yo lo hice y porque cada día acompaño a otras personas a que lo hagan, por eso sé que si quieres lo harás.

Eliges creer en ti, algunas claves que pueden ayudarte:

 Elige tus pensamientos. Escúchate y observa cómo te hablas. ¿Le hablarías así a tu mejor amigo? Ese es el filtro que tienes que pasarle a tu diálogo interno.

¿Sabías que nuestra actitud ante lo que nos pasa es incluso más importante que lo que nos pasa? Tanto que la vida puede ser un 10% lo que nos pasa y un 90% lo que hacemos con lo que nos pasa… Es decir, que vivir con una actitud positiva es fundamental para sentirnos bien con las cosas que nos pasan cada día. La prueba es que a dos personas les puede ocurrir exactamente lo mismo y que se lo tomen de forma completamente distinta.

Por ejemplo, imagínate un día de esos horribles en los que parece que todo se tuerce: te quedas dormido, sales tarde hacia el trabajo y encima pierdes el autobús… Y cuando llegas resulta que justo ese día tu jefe ha estado preguntando por ti… Abres el email y te encuentras una mala noticia… Hay muchas maneras de reaccionar ante ese cúmulo de acontecimientos y en nuestra mano está elegir de qué manera queremos reaccionar.

Puede que una persona se lo tome con negatividad y mal humor y otra decida aceptar cada inconveniente y hacer lo que esté en su mano para solucionarlo. Tal vez preguntándose, ¿tan grave es cada una de estas cosas por separado? ¿Qué puedo hacer yo para solucionar esto? ¿Y aquello? ¿Recordaré este día dentro de cinco años? Y si en algo no puede hacer nada, reconocerlo y aceptar que por lo tanto no merece la pena amargarse…

 Nos pase lo que nos pase lo importante es cómo elegimos tomárnoslo. Y eso precisamente es lo más importante: que está en nuestra mano elegir. No es fácil, desde luego, pero los beneficios bien merecen la pena.

 Y por supuesto, nadie es positivo todo el tiempo. No se trata de eso, sino de desarrollar una actitud mental positiva que hará que te sientas más poderoso, más capaz, más optimista, que tengas una mejor autoestima y que alcances más fácilmente tus objetivos. Y, sobre todo, te hará ser más feliz.

 Como la actitud positiva se cultiva poco a poco, paso a paso, a cada instante. Recuerda: lo importante es dar un primer paso.

Echarte la culpa, ser demasiado crítico contigo mismo querer ser perfecto hace que no avances. Si tus pensamientos son del tipo “nunca me sale bien”, “seguro que no lo consigo”, “esto es culpa mía”, “debería ponerme ya y dejarme de excusas”, “soy un desastre” o “qué pena doy”, deberías saber que no te estás haciendo ningún favor.

Busca autodeclaraciones positivas que sean coherentes y que te hagan sentir bien, como “si he podido antes, esta vez también podré” o “lo voy a conseguir porque puedo y me lo merezco”.

Y presta atención también a cómo te expresas cuando hables con los demás. Por ejemplo, hoy en el autobús escuché a alguien decir “hay que seguir tirando”. ¿Crees que eso es motivador? ¿Te inspira eso de “seguir tirando”? ¿Qué tal cambiarlo por “voy a seguir adelante y no dejaré que este contratiempo me distraiga de mi objetivo”? Mucho mejor, ¿no? ;-).

Si no sabes por dónde empezar, pídeles a las personas de tu entorno un empujoncito. ¿Qué es eso de ti que más valoran? Escúchales y acepta sus cumplidos, pero después sigue tú.

Se como tú quieras ser. Nuestro problema no es no poder ser como queramos ser, como yo me pensaba antes. Nuestro mayor problema es ser como creemos que otros quieren que seamos. Desde ahí, desde vivir ansiando una perfección creada en nuestra mente para que los demás nos quieran, la vida se convierte en una auto crítica permanente y una insatisfacción sin límites ni horizonte.

Por ejemplo, “tengo que ser responsable, inteligente y bondadosa”… ¿Porque me han dicho que así hay que ser?

En cambio, si te defines desde tus valores eligiendo como quieres ser, te acercas a lo más auténtico y profundo de ti. Por ejemplo, “quiero ser coherente, positiva y generosa con los demás y conmigo misma”.

Es decir, decide lo que quieres en tu vida y no dejes que otros lo decidan por ti ni te quedes con lo primero que aparezca por miedo a no conseguir algo mejor. Ante todo, se honesto contigo mismo.

 Somos como máquinas de hacer cosas. Cada día una detrás de otra y otra más… ¿Nos paramos alguna vez a pensar para qué hacemos lo que hacemos? ¿Tú te paras? Pienso que la mayoría lo hacemos pocas veces. Pues justo ahí, donde no miramos, está la brújula que nos guiará a la vida que deseamos. Y esa brújula son nuestros valores. Necesitamos guiarnos por ellos. Necesitamos conocerlos y ser coherentes con ellos. ¿Para qué? Para casi todo:

  1. Para fijar tus metas y objetivos, basados en ti y en lo que de verdad deseas, no en lo que otros te dicen que es lo mejor para ti o en lo que hace la mayoría de la gente.

  2. Para saber cuales son tus prioridades: el tiempo con mi familia antes que un ascenso en el trabajo, la libertad antes que tener pareja, el disfrute antes que ponerme a dieta…

  3. Para conocer tus necesidades, porque ya te he dicho otras veces que eres tú quien, en primer lugar, tiene que darse lo que necesita.

  4. Para decidir qué es lo que quieres en cada momento. Lo que quieres tú, lo que te apetece y lo que te va a hacer feliz. Nada de “es que tengo que”. Aquí lo que funciona es el “quiero” x y voy a hacerlo.

  5. Y también para decidir qué es lo que no quieres, por todas esas veces en las que te cuesta hacer algo, lo postergas una y otra vez y sigue sin apetecerte. ¿Te has preguntado si de verdad quieres hacerlo? ¿Y para qué? ¿Estás seguro de que tiene que ver con tus valores?

  6. Para motivarte, porque no hay nada que te anime más que ir hacia algo con la conciencia absoluta de que vas en la dirección correcta y es lo que quieres.

  7. Para llevarte mejor con los demás, porque en cuanto conoces tus valores eres mucho más capaz de reconocer los del otro (que pocas veces coinciden totalmente, ni siquiera en las parejas). Y entonces te das cuenta de que tú te guías por los tuyos y él por los suyos, Y así, lógico y normal que a veces no estéis de acuerdo  .

  8. Y para saber por qué no te llevas bien con algunas personas y aceptar que tenéis valores distintos y que tal vez tus valores son sus contravalores. Por ejemplo, si para ti el orden es muy importante y a la otra persona le rechina. O al revés.

Por ejemplo, en mi caso hace tiempo que sé que mis valores rectores son:

La libertad, para ser quien soy y quien quiero ser

La tolerancia, para respetar y aceptar a los demás, sean como sean y hagan lo que hagan, y también a mi mismo.

La humildad, para valorarme sin sentirme mejor ni peor que nadie. Sabiendo todo lo que sé y lo que me queda por aprender…

La justicia, en mi vida, en mis actos, en mis comportamientos y en mi pequeño mundo.

La coherencia, entre lo que siento, lo que digo, lo que pienso y lo que hago.

La honestidad, con los demás y también conmigo misma.

El amor a mi misma y a los demás: a las personas más importantes de mi vida y también a las que se cruzan una sóla vez en mi camino.

la felicidad, siempre, por encima de todo.

Al conocerlos me di cuenta de que me alejo de lo que me quita libertad, de que prefiero estar con personas que se muestran tolerantes ante las diferencias, de que necesito saber que estoy siendo coherente para sentirme bien, de que dar amor a otros (en forma de sonrisas, de cuidados, de interesarme por ellos o de acompañarles a diseñar a la persona que quieren ser en mi trabajo como Coach) me hace feliz…

 Sabes que estás en el camino correcto cuando a cada paso sientes la alegría de vivir” (Jodorowsky)

Muy bien, a estas alturas seguro que ya tendrás de ganas de conocer los tuyos. ¿Y dónde están? Están en ti, en tu vida y tienes que prestar atención para verlos. Si no lo haces el coste que pagues puede ser muy alto. Es como navegar sin rumbo, sin brújula, sin saber para qué vas a donde sea que vas, como quien se deja llevar por la marea…

En mi opinión, los valores son la consecuencia de algo que sientes que ha faltado en tu vida en algún momento, algo que has echado de menos en otros o en ti, y que por eso mismo se vuelve esencial.

Y tus valores tampoco son los mismos siempre. Varían en función de tus momentos y experiencias, aunque los más importantes para ti casi siempre se mantienen ahí, como un faro que te alumbra el camino, si se lo permites.

No valoramos las cosas por que sean buenas, sino que son buenas por que las valoramos (Spinoza)

Ponte pequeños retos que te saquen de tu zona de confort, ¡cada día! Di que sí a los pequeños riesgos, atrévete a sentir miedo, busca la incomodidad, haz cosas que te cuesten, ¡arriésgate!

¿Cómo podría aprender a nadar alguien que nunca se ha metido en el agua? ¿Cómo podría descubrir que es capaz de flotar alguien que nunca se ha bañado? ¿Cómo va a aprender a nadar en un lago quien no se atreve a tirarse a una piscina?

En definitiva, ¿cómo vas a descubrir que puedes volar si antes no aprendes a nadar?

Se trata de correr pequeños riesgos que te hagan crecer cada día.  

Haz un recuento de logros. No vale echarte la culpa de lo que no va bien y decir que lo que sí va bien ha sido cosa de la suerte o mérito de alguien más. ¡Se justo contigo mismo!

al final de cada día piensa en algo que hayas conseguido. Cualquier cosa que te acerque a lo que quieres, por pequeña que sea, desde estar más concentrada hasta hablarte mejor o sonreír un poco más.

Y aprovecha ese estado de confianza en ti después de cada logro para alcanzar otra pequeña meta. Te aseguro que no hay mejor momento para lanzar a canasta que justo después de haber encestado, al igual que no hay peor momento que justo después de haber fallado.

Acepta el fracaso igual que aceptas el éxito. Cuando evitas los errores te estás poniendo frenos tú mismo. Dejas para mañana lo que no te atreves a hacer hoy, te decepcionas una y otra vez, y así tu confianza se va mermando cada vez más.

Los errores son maravillosos, se aprende muchísimo de ellos. Claro que no se trata de cometerlos a propósito, sino de no tener miedo a cometerlos… De recordar que por que algo te salga mal no significa que no sepas hacerlo o que no seas bueno.¿Sabes que los ganadores también pierden y de hecho pierden muchas más veces que los perdedores, porque lo intentan mucho más…?

Cada obstáculo es una oportunidad para superarse y cada miedo es un reto para crecer.

Olvídate de los que te rodean y deja de buscar la aprobación en los demás y toma tus propias decisiones. Está bien que les escuches, pero no decidas por lo que ellos te digan. Tu opinión tiene mucho valor, sobre todo porque se trata de tu vida.

Así que cree en ti más de lo que crea nadie y jamás permitas que otra persona te diga que no vas a ser capaz de algo.

Habrá quienes te digan que no puedes hacer lo que ellos no se creen capaces de hacer o quienes le quiten valor a cada pequeño logro. Es normal, proyectamos nuestros miedos en los demás con la esperanza de que si ellos tampoco lo consiguen nos sentiremos mejor.

No les escuches, simplemente vete y hazlo. Protege tus sueños como si fueran tu mayor tesoro.

Y, siempre que puedas, acércate a personas que crean en ti, que te apoyen y que valoren lo que haces, cuando te sale bien y cuando no.

 Busca tu talón de Aquiles. Es decir, además de todo lo que te he contado, ¿qué te ayudaría a creer más en ti? Tal vez sea practicar más, tal vez mejorar tu autoestima, tal vez estar más tranquilo o formarte en algo que te guste… En cada uno será algo diferente. Por ejemplo, yo me doy cuenta de que si me encuentro cómoda con la ropa que llevo eso me hace sentir más segura para hablar en público. Pues de eso se trata, de que te des cuenta de lo que te funciona a ti para usarlo a tu favor.

Tal vez sea algo que puedes hacer fácilmente solo o tal vez no y tengas que pedir ayuda. No importa, todos pedimos ayuda alguna vez. Y, casi siempre, quien no lo hace es quien más lo necesita.

¿Qué me dices? ¿Qué sería eso que haría que creyeras en ti sin ninguna duda? Puedes compartirlo conmigo en los comentarios, estaré encantada de responderte.

Besos,

Paloma

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